ADMONICIONES DE SAN FRANCISCO DE ASÍS III.


Admonición1. EL CUERPO DEL SEÑOR.

Empieza la admonición con unas tajantes afirmaciones tomadas del evangelio de Juan: A Dios nadie lo ha visto jamás. Jesús nos lo ha mostrado, y él es el único acceso del hombre a Dios.

Una serie de palabras clarifican estas afirmaciones:


Ver, conocer. Se refiere al conocimiento desde la fe, ver y comprender desde la fe. Espíritu (con minúscula), es la luz que recibimos para poder ver y conocer con los ojos de la fe. Carne: es la pretensión humana de querer conocer a Dios desde la ciencia, desde las sensaciones personales, desde las propias capacidades intelectuales o religiosas. Dios, lo mismo que Jesús, sólo pueden ser conocidos desde la fe.


Francisco continúa su reflexión con un paralelismo entre los que vieron a Jesús por los caminos de Galilea y oyeron su mensaje, pero no creyeron que él era Hijo de Dios, y los que ahora ven las especies de pan y vino y no creen que son el verdadero cuerpo y sangre de Cristo. Los unos y los otros están fuera del Reino de Dios. No creer es el rechazo consciente y categórico de Jesús y de Dios.

Todos con los sentidos naturales vemos en la celebración gestos, ritos, escuchamos relatos. La solicitud de Francisco consiste en que, al mismo tiempo que con los sentidos vemos, escuchamos y palpamos, veamos y creamos que las realidades del pan y del vino son el cuerpo y la sangre del Señor, que las palabras y relatos de la eucaristía son palabra del Señor que hoy se nos hace presente en la celebración, y que, a través del celebrante, es el mismo Cristo quien celebra.


El mensaje de la Admonición 1ª.

1. La duda.

¿Por qué no creéis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón? No te sorprenda, ni te inquiete el que tengas dudas de fe. Afróntalas. Somos seres racionales, capaces de investigar, conocer e interpretar la realidad. nuestra capacidad racional deduce certezas irrefutables, seguridad. Pero hay realidades intangibles, no verificables racionalmente: el amor, la confianza. Estas realidades requieren fe para ser conocidas y vividas. La fe es una diferente comprensión de la vida, del mundo, de la historia, del ser humano, no

contrapuesta a la racionalidad, pero de otro nivel. Nos impulsa a soltar las muletas de nuestras seguridades, a renunciar a la pretensión de tenerlo todo claro y bajo control.


2. Materia y espíritu.

Un sacramento es un signo visible de una realidad invisible que significa y da la

Gracia. En los sacramentos y en la vida cristiana son igualmente necesarios la materia y el espíritu. Jesús se hizo carne, se hizo materia. La materia del sacramento de la eucaristía hace visible a Jesús resucitado, que se nos convierte en alimento, en palabra de vida. La materia, las especies de pan y vino, no ocultan a Jesús, lo manifiestan. lo hacen perceptible, y por eso lo podemos comulgar y consumir


3. La humildad de Cristo en la eucaristía.

Cristo glorioso de nuevo desciende de junto al Padre a la celebración, se humilla por nosotros. De nuevo Jesús se entrega por nosotros; no es que se “repita” la primera y definitiva eucaristía celebrada y padecida por Jesús, sino que la celebración la hace actual, visible. Francisco en una carta que dirige a todos los hermanos nos habla de la pequeñez de la sagrada forma; tiene un valor “·despreciable” económicamente. Pues bien, nos insinúa Francisco, en eso que es económicamente despreciable, se nos hace presente el que está por encima de todo, Cristo vivo y glorioso, la vida que no tiene fin.


Fr. Carlos Bermejo



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