FRANCISCANAS ALCANTARINAS

Actualizado: 9 oct 2021


La hermanas alcantarinas y el papa Francisco
Franciscanas Alcantarinas

LAS HERMANAS ALCANTARINAS TOMAN EL RELEVO DE LA ESPIRITUALIDAD DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA. La reforma alcantarina, ya extendida por toda España, América y Extremo Oriente, en la segunda mitad del siglo XVII se establece también en Italia Meridional: la promueve el franciscano alcantarino Juan de San Bernardo, de la Provincia alcantarina de Granada, quien en 1657 había pasado a Roma para dar el último impulso al Proceso de Canonización del beato fray Pedro de Alcántara. El fraile, entusiasta de la vida alcantarina, se retiró un tiempo en el Convento de Santa Lucía del Monte, en Nápoles, donde moraban los franciscanos fray Carlo de Finale y fray Girolamo da Cassano, pertenecientes a la reforma franciscana italiana conocida como de los Barbados (por llevar barba), que por aquel entonces estaba en vías de extinción a causa de la peste del 1656 y por habérseles prohibido tener novicios. El padre Juan de San Bernardo y los dos franciscanos, conscientes de la afinidad que había entre sus respectivas reformas, acordaron el paso de estos a los alcantarinos. Contando con la correspondiente autorización del papa Clemente IX (4 de diciembre de 1668), tuvo lugar la fusión de ambas reformas, y el convento de Santa Lucía del Monte quedó adscrito a la Provincia de San Pedro de Alcántara de Granada. Entre los conventos de la Provincia Nápoles, merece una mención especial el de Piedimonte Matese, conocido como Convento de Santa María Occorrevole, fundado en 1675. Al año siguiente, en el entorno de este convento se levantó un eremitorio, en el que vivieron su vida religiosa numerosos frailes, seguidores fieles de San Pedro de Alcántara, alejados del mundo, en medio de numerosas renuncias y penitencias, y ocupados y preocupados, sobre toda otra cosa, en agradar al Señor y no apagar “el espíritu de oración y devoción”. Uno de los frailes que vivieron con más pasión la inspiración evangélica de san Pedro de Alcántara en este eremitorio, fue el siervo de Dios Padre Berardo Atonna del Corazón de Jesús, que ejerció un enorme influjo en la vida religiosa femenina de su época. Destaca sobre manera su trabajo de acompañamiento espiritual y formación de la primera generación de las Hermanas Franciscanas Alcantarinas: don Vincenzo Gargiulo, párroco de la iglesia del Espíritu Santo en Castellammare di Stabia (Nápoles), fundador de las Alcantarinas, encomendó al Padre Berardo la tarea de transmitir y entusiasmar a las hermanas con el carisma franciscano-alcantarino; y el siervo de Dios, fue director espiritual y guía de las hermanas de la primera generación. En la segunda mitad del siglo XIX, como fruto de la desamortización de los bienes de la Iglesia y las crisis religiosa y vocacional en España y sus colonias, Francia, Italia y América, la mayoría de las Órdenes y Congregaciones religiosas vieron decrecer exponencialmente el número de sus miembros, y especialmente las múltiples reformas de la Orden franciscana. Fue por ello que en 1897 el papa León XIII, decidió la fusión de estas reformas, a excepción de la capuchina, uniéndolas todas bajo el paraguas común de la Orden de los Hermanos Menores. Desaparecía así jurídicamente la Reforma alcantarina nacida, con la Provincia de San José fundada por San Pedro de Alcántara, pero no desaparecía su inspiración y forma de vida: las Hermanas Franciscanas Alcantarinas, conocidas inicialmente como “Hijas pobres de San Pedro de Alcántara” toman el relevo y custodian este carisma recibido hace 150 años, integrando la vida de oración con una caridad activa y poniéndose a lado de las pobrezas del hombre de hoy. Suor Assunta Elisabetta Radogna


https://www.hermanasalcantarinas.org/

 

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