TRATADO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN (II)




San Pedro de Alcántara escribió un libro, dirigido a un matrimonio y que es útil para todas las personas, después de haber leído mucho y de ejercitarse toda la vida en la práctica de la oración.


Él escribe como quien bien sabe y desea orientar a las personas que "quieren tratar familiarmente con Dios"; nos dice que necesitamos guías y algunos avisos. Con la acostumbrada brevedad nos pone algunos.


El primer aviso es este: el fin que se ha de tener en estos santos ejercicios. Y es que, como la comunicación con Dios es dulce y deleitable, muchas personas se allegan a la oración y otras prácticas de piedad (oración, sacramentos, lectura) movidas por la maravillosa suavidad.


Y este es muy grande engaño y muy universal, pues el fin principal de todas nuestras obras no ha de ser nuestro gusto o contentamiento; no nos podemos juzgar a nosotros mismos o a los demás por el gusto o sentimiento.


Tenemos que saber que el fin de todos los ejercicios cristianos, de piedad, de toda la vida espiritual es la obediencia de los mandamientos de Dios y el cumplimiento de la divina voluntad, que reine y viva la voluntad divina y muera nuestra voluntad propia.


Encuentro una gran sabiduría en este aviso, donde se pone en claridad el don del discernimiento. No nos podemos regir por el gusto o sentimiento.


Así, con el don del discernimiento, con la fuerza del Espíritu Santo, el bendito fray Pedro de Alcántara, supo dar luz en la vida y en el camino de la oración a todas las personas, y un ejemplo explícito es en el trato con Teresa de Ávila, Teresa de Ahumada.

(Capítulo V: de algunos avisos necesarios para los que se dan a la oración)


Fr. Victorino Terradillos Ortega.


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