TRATADO DE ORACIÓN Y MEDITACIÓN V

MIRA LOS BENEFICIOS Y AGRADECE


Cada vez me resulta más interesante el descubrir el interior del Tratado de la Oración y Meditación que escribió san Pedro de Alcántara. Se puede comparar con una mina, a cada paso, en cada nivel se encuentra un tesoro. Un pequeño libro que nos orienta hacia una profundidad insondable.

Esta vez, me he fijado, y me ha llamado la atención la Meditación sobre los Beneficios Divinos. Es una fijación, una experiencia contemplada, y que nos ayuda para saber agradecer y servir con los mismos beneficios, dones, mercedes, gracias recibidas. No solo vemos, sino que nos empuja a la imitación y la transformación. Con los beneficios servimos, beneficiamos a los demás, aprendemos la acción de gracias.

“Para dar gracias y encenderte más en el amor,” mira estos cinco beneficios principales:

La creación, hemos sido creados, estamos dentro de la creación de los seres; Dios creador.

La conservación, Dios no nos ha dejado desprotegidos, sigue atento al desarrollo y evolución, nos cuida y alimenta, nos conserva. Ahí está el tema de la realidad de la Providencia.

La redención, si algo es de agradecer en mayor medida, es toda la historia de Redención. Cristo Redentor. Vemos, imitamos, nos transforma. No dejes de mirar a Cristo en su Pasión y Gloria.

La vocación, Dios nos llama a la existencia, a un camino de vida, a una llamada privada y comunitaria; llamada personal. “Hemos escuchado nuestro propio nombre”. Ahí queda el Bautismo, sacerdocio real.

Beneficios particulares y ocultos. ¿Quién puede contar las maravillas y dones de Dios sobre cada una de las personas?

Necesitamos tiempo para darnos cuenta, agradecer y servir “con todos los beneficios”, bendiciones, gracia, revelación del Amor de Dios en el Hijo Amado.




En la oración, paso a paso, desmenuzando cada Regalo y Beneficio, damos gracias cuanto podemos y convidamos a las demás criaturas, así del cielo como de la tierra, para que nos ayuden en este oficio. Así cantamos el cántico de Daniel, 3,59-90, y el Salmo 102.

Una vez que tenemos conocimiento, damos gracias e invitamos a la alabanza a la Santa y Una Trinidad “por todos los beneficios recibidos”; el corazón prorrumpe: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?, salmo 115,2. La respuesta es: dando y ofreciendo a Dios todo lo que nos ha dado y es suyo. Para su gloria y bien de todos.

“Imitemos aquella suprema primordial ley de Dios, que hace llover sobre justos y los pecadores, y hace salir, igualmente el sol para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a disposición de todos sus habitantes; el aire se lo entrega a las aves, y el agua a los que viven de ella, y a todos da, con abundancia, los subsidios para su existencia, sin que hay autoridad de fronteras que los separen; se lo entregó todo en común, con amplitud y abundancia, y sin deficiencia alguna. Así enaltece la uniforme dignidad de la naturaleza con la igualdad de sus dones, y pone de manifiesto las riquezas de su benignidad” (De los sermones de san Gregorio Nacianceno).


Fr. Victorino Terradillos.

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